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El mundo llora

Los recientes acontecimientos que involucran a este planeta, ya sea los desmontes en el Amazonas, los incendios en Australia y los desperdicios plásticos en los océanos (150 millones de toneladas a lo que se suman 15 millones más por año), el calentamiento global, las guerras, el crecimiento de la población, el derretimiento de los glaciales y de los polos y más recientemente la peste en China y otros suma y sigue, van acabando con la calidad de vida de nuestra nave espacial.

Emilio Balado

Pareciera que ya nada importa y oídos sordos y vistas ciegas de dirigentes y mandatarios del mundo ayudan a que el desastre se aproxime. Se gastan sumas increíbles en prepararse para las guerras, mientras gran parte del mundo precisa de una planificación que prevea los acontecimientos. Pensar en qué forma desarrollar los desiertos, limpiar los mares, ordenar los recursos para que más gente pueda vivir dignamente. Pero parece que la racionabilidad no llega y comentarios como este solo sirven para el entretenimiento momentáneo donde hasta quizás estimule una sonrisa de desdén que haga pensar: «Qué idiota. Mirá en lo que se mete».
La realización de cumbres para atender el problema del ataque al medio ambiente no van más allá de ser meras reuniones donde después de tratar los temas, no pasa nada, ya que los grandes intereses superan a la racionalidad. Es así que las principales potencias no acatan las recomendaciones y siguen infectando la atmósfera con emanaciones de grandes fábricas, algunas de las cuales aún utilizan carbón, inundando las carreteras y caminos de automóviles, quemando inmensos recursos petroleros, amontonando basura por doquier, etc. etc.; y el hombre cotidiano que no puede tomar partido en ese aterrador desborde de incomprensión, solo puede detenerse a ver cómo las cosas se complican cada día más.
Pelear para que se terminen las guerras triviales en Africa. Por las corrientes de personas de ese mismo continente a Europa, principalmente en busca de una calidad de vida que les dé respiro. Por las plagas que son el narcotráfico, las mafias, la trata de personas, la esclavitud -que aún existe- y tantas calamidades que aquejan al planeta, nos hace pensar que poco se ha aprendido de la historia. Pero así es el ser humano, y difícilmente podamos alcanzar el nivel que alguna vez un escritor de ciencia ficción nos contaba sobre Ganímedes donde todo pareciera ser perfecto.
El mundo sigue andando -como dice el tango- pero el asunto es ver cómo lo hace. ¿Podrá el hombre encontrar el equilibrio justo que nos permita, por lo menos a las próximas generaciones, vivir en un planeta donde la equidad y la armonía sea la meta de un futuro lleno de esperanzas para el ser humano? Qué pregunta. ¿Habrá una respuesta?

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El mundo llora

Los recientes acontecimientos que involucran a este planeta, ya sea los desmontes en el Amazonas, los incendios en Australia y los desperdicios plásticos en los océanos (150 millones de toneladas a lo que se suman 15 millones más por año), el calentamiento global, las guerras, el crecimiento de la población, el derretimiento de los glaciales y de los polos y más recientemente la peste en China y otros suma y sigue, van acabando con la calidad de vida de nuestra nave espacial.

Pareciera que ya nada importa y oídos sordos y vistas ciegas de dirigentes y mandatarios del mundo ayudan a que el desastre se aproxime. Se gastan sumas increíbles en prepararse para las guerras, mientras gran parte del mundo precisa de una planificación que prevea los acontecimientos. Pensar en qué forma desarrollar los desiertos, limpiar los mares, ordenar los recursos para que más gente pueda vivir dignamente. Pero parece que la racionabilidad no llega y comentarios como este solo sirven para el entretenimiento momentáneo donde hasta quizás estimule una sonrisa de desdén que haga pensar: «Qué idiota. Mirá en lo que se mete».
La realización de cumbres para atender el problema del ataque al medio ambiente no van más allá de ser meras reuniones donde después de tratar los temas, no pasa nada, ya que los grandes intereses superan a la racionalidad. Es así que las principales potencias no acatan las recomendaciones y siguen infectando la atmósfera con emanaciones de grandes fábricas, algunas de las cuales aún utilizan carbón, inundando las carreteras y caminos de automóviles, quemando inmensos recursos petroleros, amontonando basura por doquier, etc. etc.; y el hombre cotidiano que no puede tomar partido en ese aterrador desborde de incomprensión, solo puede detenerse a ver cómo las cosas se complican cada día más.
Pelear para que se terminen las guerras triviales en Africa. Por las corrientes de personas de ese mismo continente a Europa, principalmente en busca de una calidad de vida que les dé respiro. Por las plagas que son el narcotráfico, las mafias, la trata de personas, la esclavitud -que aún existe- y tantas calamidades que aquejan al planeta, nos hace pensar que poco se ha aprendido de la historia. Pero así es el ser humano, y difícilmente podamos alcanzar el nivel que alguna vez un escritor de ciencia ficción nos contaba sobre Ganímedes donde todo pareciera ser perfecto.
El mundo sigue andando -como dice el tango- pero el asunto es ver cómo lo hace. ¿Podrá el hombre encontrar el equilibrio justo que nos permita, por lo menos a las próximas generaciones, vivir en un planeta donde la equidad y la armonía sea la meta de un futuro lleno de esperanzas para el ser humano? Qué pregunta. ¿Habrá una respuesta?

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