Córdoba empeñada por la Comisión Nacional de Energía Atómica II
La empresa Dioxitek S.A. es una compañía nuclear industrial estatal argentina que opera desde hace décadas en la ciudad de Córdoba. Ha sido clausurada por la Municipalidad hace más de diez años, sin embargo, nunca dejó de funcionar y, además, acaba de anunciar que seguirá en la ciudad ocho años más. Está ubicada en una zona urbana.
En su planta ubicada en el barrio Alta Córdoba transforma concentrado de uranio y otros insumos en polvo de dióxido de uranio de grado nuclear. La empresa pasa por encima de las normas municipales. La planta está rodeada por viviendas, escuelas, comercios, es socialmente inaceptable. Emite polvo con uranio, libera gas radiactivo radón cuya inhalación provoca cáncer de pulmón, además es común el transporte de materiales radiactivos por calles de la ciudad. Aquí se debiera aplicar la motosierra. No se puede seguir así.
Es sabido que el uranio contamina, aunque “no irradie mucho” porque, además, es un contaminante químico, produce daño renal, toxicidad crónica y bioacumulación.
Y el radio y sus descendientes aumentan el riesgo de cáncer óseo y pulmonar y son muy móviles en el ambiente. Por eso, la contaminación puede ser crónica, silenciosa y a largo plazo, no es necesario que suceda un “accidente grave” para que sea maligna.
“El Chichón” es el nombre con el que los cordobeses conocen a un promontorio formado por 57.600 toneladas de residuos radiactivos de baja intensidad, que se generaron como consecuencia de los experimentos que realizó la CNEA a partir de 1952 para desarrollar el método de lixiviación en pilas para la minería del uranio.
En nuestro país, como en prácticamente todos los que trabajan con energía nuclear, hay un organismo que conrtrola la actividad, la Autoridad Reguladora Nuclear (ARN), pero no confiere confianza, por eso cualquier incidente se amplifica, la credibilidad social es muy baja.
Dioxitec produce más contaminación que otras industrias, además es radiactiva, la contaminación más grave que existe. No contamina más en cantidad, pero sí en gravedad temporal.
Dioxitek obtiene la materia prima para su industria, el yellowcake, casi exclusivamente de fuentes estatales argentinas, no del mercado internacional libre. La historia importa, porque hoy la situación es distinta a la de décadas pasadas.
Durante muchos años, el yellowcake que procesaba Dioxitek provenía de yacimientos operados por la CNEA en Los Gigantes (Córdoba), principal proveedor histórico de la planta cordobesa, cerrada en los años 90, con pasivos ambientales aún en remediación, como vimos en nota anterior y en Sierra Pintada (Mendoza) de producción intermitente, clausurada por conflictos ambientales y judiciales. Hoy en demorado proceso de remediación.
También de Don Otto y otras minas menores como las de Chubut. Aportes puntuales en distintas épocas.
El Chichón
Actualmente Argentina NO produce yellowcake en forma comercial continua, no hay minas de uranio en operación industrial. Los yacimientos existentes están cerrados en principio porque los precios internacionales del uranio indicaban que convenía más, importar que producir, además hay resistencia social para operar. Mejor así, el país se ahorra la contaminación que producen las minas de uranio.
En los últimos años, Dioxitek ha trabajado con stock de yellowcake remanente producido décadas atrás, almacenado bajo control de la ARN, también importaciones puntuales.
Cuando fue necesario se importó en operaciones gestionadas por el Estado, bajo salvaguardias del OIEA. No es compra comercial libre: es abastecimiento estratégico.
Argentina tiene recursos de uranio, tiene capacidad industrial para convertirlo, tiene centrales nucleares operativas, pero no produce el mineral. Hay un permanente debate sobre reabrir minería o seguir importando.
Parte de la mala imagen de Dioxitek está ligada a la minería, con residuos heredados, aunque hoy el mineral venga de afuera, la planta sigue cargando ese estigma. Lleva más de diez años clausurada su plante y sigue operando.
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