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El Lago San Roque en riesgo de contaminación radiactiva

El ex Complejo Minero Fabril Los Gigantes es un pasivo ambiental grave en la provincia de Córdoba. Aunque la actividad minera terminó en 1989, los problemas ambientales derivados de esa operación siguen vigentes en la actualidad.  No es el único sitio en esas condiciones. En nuestra provincia el río Chubut se encuentra en situación similar al lago San Roque. 

La minería del uranio generó millones de toneladas de residuos sólidos y líquidos, incluyendo colas de mineral, estériles y materiales marginales con grado variable de radiactividad y presencia de metales pesados. La mayoría de estos residuos aún está acumulada en diques de contención sin una remediación efectiva. 

 

Desde el cierre de la mina Los Gigantes, hace más de 35 años, no se realizó la remediación integral de los residuos generados. Proyectos para saneamiento han sido propuestos, pero no se ejecutaron.  
 

Laguna de relave del complejo minero Los Gigantes

 

El sitio se ubica en las cuencas que alimentan el río San Antonio, que a su vez es un afluente del embalse San Roque, fuente de agua potable para alrededor de 1,5 millones de personas en la región central de Córdoba.
 
Existen registros de desbordes y vertidos de líquidos contaminantes de la mina que afectan la cuenca del río San Antonio, con potencial impacto en cursos de agua superficiales. 

 

Aunque la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) ha negado contaminación activa en años recientes, los residuos a pocos cientos de metros del arroyo más cercano, siguen generando preocupación por posibles filtraciones o desbordes ante eventos extremos. 

 

Parte del problema se materializó con daños en geomembranas de los diques debido a fenómenos meteorológicos, vientos fuertes registrados en 2021 y reparados hace poco, lo que pone en evidencia la vulnerabilidad estructural del sistema de contención de residuos. 

 

La presencia continua de residuos radiactivos y metales pesados puede afectar la biodiversidad de la zona montañosa y acuática, con efectos a largo plazo sobre organismos y comunidades ecológicas locales, especialmente en un área montañosa que es también atractiva para actividades recreativas y turismo natural. 

 

Las organizaciones ambientales y vecinos denuncian falta de información clara, acceso restringido a datos públicos y limitada intervención estatal en la gestión del pasivo ambiental, lo cual intensifica la percepción de riesgo y la falta de confianza en controles oficiales. 

 

El predio minero está ubicado en la cuenca alta del río San Antonio que fluye hacia el sur y sureste, alimentando finalmente el Embalse San Roque, que es un reservorio clave para agua potable de gran parte de la región central de la provincia de Córdoba.

 

Cerca del sitio hay arroyos de menor orden que desembocan en el San Antonio. Algunos son temporarios y todos bajan desde los cerros hacia el San Antonio.

 

El riesgo ambiental está justamente en que los residuos de la mina pueden desplazarse por estos arroyos temporarios hacia el río San Antonio, especialmente en lluvias intensas.

Este cartel tiene por lo m enos 6 años de edad y la remediación de Los Gigantes no solo no está concluida, sino que está prácticamente recién empezada.

 

La situación del río Chubut es similar a la del Lago San Roque. Aquí aún peor, ni siquiera se inició la remediación.

 

Si en la provincia de Córdoba, con una zona turística de reconocimiento nacional amenazada, después de 36 años, la CNEA no ha remediado los pasivos ambientales de Los Gigantes, ¿qué podemos esperar los chubutenses? ¿Cuándo la CNEA remediará los pasivos dejados en Los Adobes, Cerro Cóndor y Pichiñan? Ya pasaron más de 45 años que se explotaron las dos canteras de uranio de la provincia y no hay la más mínima expectativa que se solucionen los pasivos ambientales dejados en esos tres sitios. 

 

El gobierno provincial no debiera permitir que se inicie la explotación de una nueva mina, sin que se hayan remediados los sitios mencionados, de no ser así, se estaría justificando la resistencia de la población. 

 

Las escombreras de la Planta de Tratamiento Pichiñán, que fuera ubicada a escasos mil metros del río Chubut, para disponer de agua en abundancia para la lixiviación de los minerales uraníferos, fueron cubiertas con suelos del lugar y los escombros del edificio. De ninguna manera puede considerarse una remediación, constituye también una amenaza para las numerosas localidades que se abastecen del río para su agua potable, única fuente de unos trescientos mil habitantes. 

 

Si el río llegara a contaminarse con radiactividad, lo que esos habitantes tendrían que hacer, es preparar las valijas y trasladarse a alguna población que disponga de agua potable.    
 

 

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