Aniversario fallido: el cumpleaños que dividió a Madryn durante 10 años
A veces, la identidad de una ciudad funciona como el DNI de cada persona: si alguien te dice, de un día para el otro, que en realidad naciste dos años antes y en otra fecha, lo más probable es que sientas que te están moviendo el piso.
por REDACCIÓN CHUBUT 07/02/2026 - 21.06.hs
A Puerto Madryn le pasó exactamente eso: durante una década, la ciudad vivió en una suerte de «crisis de edad» administrativa, debatiéndose entre el peso de la tradición y un intento un tanto forzado de exclusividad histórica que hoy, a la distancia, permite entender mucho mejor cómo se construye el sentido de pertenencia de una comunidad en pleno crecimiento.
Todo empezó de manera bastante lógica en 1940, cuando el Concejo Municipal decidió poner los papeles en orden y fijó el 28 de julio de 1865 como la fecha oficial de fundación. El argumento era comprensible: ese día, con el desembarco del velero Mimosa, se produjo el «arraigo definitivo» de los colonos en las costas del Golfo Nuevo. No era solo una fecha en el almanaque, sino el inicio de una convivencia que le dio a Madryn su primer sistema operativo social y cultural.
Sin embargo, el guión de esta historia cambió rotundamente en 1975, cuando el intendente Manuel del Villar decidió, mediante una resolución, que el cumpleaños de la ciudad pasaba a ser el 7 de febrero. El fundamento era que, en esa fecha de 1863, Love Jones Parry y Lewis Jones habían andado por estas playas explorando el terreno. De golpe, la ciudad no solo cambiaba de mes, sino que soplaba dos velas más de antigüedad, basándose en lo que parecía ser el «punto cero» del contacto galés con la zona.
Hay quienes creen que el cambio fue un intento de Madryn por diferenciarse del resto de la provincia. Como el 28 de julio ya era un feriado para todo Chubut, los impulsores de la nueva fecha sentían que esa efeméride era «más provincial que local» y que la ciudad necesitaba un hito que le fuera propio y exclusivo. Querían una marca de identidad única, separada del gran paraguas de la gesta galesa general.
Pero claro, la movida no cayó nada bien entre los vecinos de la ciudad que aquel entonces apenas abrazaba a un puñado de personas. Para muchos madrynenses, que ya habían celebrado el centenario con bombos y platillos y la visita del presidente Illia en 1965, que les cambiaran el cumpleaños se sentía como una imposición artificial.
La cuestión se mantuvo en ese limbo extraño hasta que volvió la democracia y, en 1983, se armó la Comisión Municipal de Asuntos Históricos para ver si se podía resolver el entuerto de manera definitiva. Ahí entró en escena un personaje clave: Juan Meisen Ebene, un hombre que no solo sabía de libros, sino que conocía el mar y la costa como pocos. Su tarea no fue solo leer actas, sino hacer una suerte de «peritaje náutico» del pasado.
Meisen Ebene salió a entrevistar a viejos pobladores, marineros experimentados y expertos de la Prefectura para entender qué decían realmente los diarios de navegación de aquella expedición de 1863. El resultado fue un baldazo de agua fría para los defensores del 7 de febrero: los exploradores de 1863 nunca habían desembarcado en lo que hoy es el centro de Madryn. Los registros indicaban que, escapando de un temporal con viento sur, el barco se había refugiado en Bahía Cracker, un lugar bastante alejado del actual trazado urbano.
Con esa franqueza que lo caracterizaba, Meisen Ebene argumentó que no se podía fundar una ciudad basándose en una interpretación errónea.
Para que no quedaran dudas sobre la discusión, el Concejo Deliberante mandó todos los papeles a la Academia Nacional de la Historia. El dictamen de los expertos nacionales fue lapidario: si bien lo de 1863 era un antecedente interesante, el verdadero inicio de Puerto Madryn como comunidad organizada ocurrió el 28 de julio de 1865. La ciencia histórica le daba la razón al sentimiento popular.
Finalmente, en 1985, el Concejo Deliberante derogó la resolución de 1975 y devolvió el aniversario a su fecha original. Para algunos fue un acto de madurez cívica. Madryn volvía a tener 120 años en lugar de 122, pero ahora sus cimientos identitarios estaban firmes.
Este debate no ocurrió en el vacío, sino mientras la ciudad experimentaba una transformación brutal, pasando de ser un puerto tranquilo a convertirse en un polo industrial y turístico de vanguardia. En esa década del 80, Madryn ya hablaba de planes para 80.000 habitantes, de la pujanza de la industria del aluminio y de un crecimiento a ritmo acelerado que necesitaba orden. Tener clara la propia historia era la base necesaria para que todo ese progreso tuviera un sentido.
Entender este ida y vuelta con las fechas ayuda a quienes creen que Madryn nació con ellos, a ver que la ciudad no es solo edificios, asfalto y parques industriales, sino también las discusiones que se dieron entre vecinos que nacieron acá sobre quiénes son y de dónde vienen.
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