Identidad, horror y dictadura en la novela más perturbadora de Luciano Lamberti. - Últimas Noticias: El Chubut

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Identidad, horror y dictadura en la novela más perturbadora de Luciano Lamberti.

En “Para hechizar a un cazador”, Luciano Lamberti construye una historia que comienza como una búsqueda de identidad y deriva en una pesadilla donde lo real y lo siniestro se confunden. A 50 años del golpe de 1976, la novela propone una forma inquietante de narrar la memoria a través del terror.
 

El punto de partida es inquietante. Julia, una fotógrafa de 38 años, es abordada por una mujer mayor, Griselda Lara, que le revela una verdad que rompe su mundo, no es hija de quienes cree, sino una niña apropiada durante la dictadura. Es, en realidad, la hija de Luisito, militante montonero asesinado, y de Alicia, secuestrada y desaparecida.

 

Esa revelación instala una pregunta central de la novela. ¿Quién soy realmente? A partir de allí, Julia inicia un viaje hacia su propio origen que la conduce a un pueblo cordobés, San Ignacio, donde comienza a reconstruir la historia de su familia biológica. Pero ese regreso es la entrada a un territorio oscuro donde el pasado no sólo persiste, sino que parece adquirir nuevas formas.

 

La novela se arma a partir de múltiples voces que aportan versiones parciales en la trama, una empleada doméstica, un profesor de historia vinculado afectivamente a Luisito, conocidos de la familia. Este mosaico narrativo no sólo complejiza el relato, sino que refuerza la idea de que la verdad es fragmentaria, siempre incompleta, siempre en cuestión.

 

En el centro de ese entramado aparece una familia atravesada por el horror. La figura del abuelo, poderoso, influyente e inquietante, organiza un universo donde lo político y lo siniestro se funden. A medida que Julia avanza en su investigación, lo que emerge no es sólo la violencia de la dictadura, secuestros, asesinatos, desapariciones , sino también una dimensión más perturbadora, la persistencia de esa violencia en prácticas que rozan lo ritual y lo monstruoso.

 

Allí se presenta  uno de los rasgos más inquietantes de la novela, el cruce entre historia y terror. Lamberti introduce elementos sobrenaturales como hechizos, invocaciones e intentos de manipular la muerte, que funcionan como una forma de intensificar lo real. El horror no queda limitado al pasado histórico, sino que se transforma en una experiencia presente, encarnada en los cuerpos y en las relaciones.

 

El “cazador” del título condensa esa amenaza. No es sólo una figura individual, sino una presencia que remite a la lógica de la persecución, al poder que vigila, que selecciona, que elimina. En ese sentido, puede leerse como una resonancia de las prácticas del terrorismo de Estado durante la dictadura iniciada con el Golpe de Estado en Argentina de 1976.

 

A cincuenta años de comienzo de la dictadura militar, la novela propone una forma distinta de abordar la memoria, no ya desde el testimonio directo, sino desde la perturbación. La identidad de Julia, lejos de resolverse, se vuelve cada vez más inquietante, como si conocer la verdad implicara abrir una puerta que ya no puede cerrarse.

 

Con una prosa precisa y contenida, Lamberti construye un relato con una tensión creciente, donde cada revelación profundiza el misterio. Y en ese movimiento, la novela logra hacer del pasado una presencia viva, un peligro que sigue acechando.

 

Luciano Lamberti (Córdoba, 1978) es uno de los escritores más destacados de la narrativa argentina contemporánea, especialmente en el cruce entre lo fantástico y el terror. Su obra se caracteriza por explorar lo inquietante en escenarios cotidianos y por indagar en los pliegues más oscuros de la experiencia. Es autor de libros como “El asesino de chanchos”, “La casa de los eucaliptus” y “Gente que habla dormida”. Con “Para hechizar a un cazador”, ganadora del Premio Clarín de Novela, consolidó su lugar como una voz singular dentro de la literatura actual.
 

 

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