Porque se dice que la minería del uranio es contaminante VIII
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En nota anterior destacamos la tremenda injusticia ambiental, las distancias físicas y en el tiempo, entre quienes disfrutan de los frutos de la energía nuclear y quienes sufren la contaminación de las explotaciones uraníferas.
La minería de uranio plantea problemas técnicos, sociales y políticos sobre quién asume los riesgos y quién recibe los beneficios.
Y terminamos con una pregunta ética: ¿Es justo trasladar parte del riesgo ambiental a generaciones futuras?
La gran mayoría de las minas de uranio antiguas cerraron sin restauración adecuada y, desde entonces, se está sufriendo la contaminación y vaya a saber por cuánto tiempo más seguirá así.
Uno de los mayores pasivos radiactivos de la explotación del uranio del mundo fue el complejo minero Wismut en Alemania oriental. Otros fueron las minas abandonadas en el suroeste de Estados Unidos y las explotaciones en Asia Central.
Sabemos que la remediación puede costar miles de millones de dólares y demorar décadas en conseguirse una buena reducción de la contaminación.
Una pregunta central es ¿quién paga la limpieza ambiental? Tres posibles respuestas: a) La empresa minera, b) El Estado c) La sociedad, con impuestos.
En gran cantidad de casos históricos, las empresas desaparecieron o quebraron, y el costo terminó recayendo en los gobiernos y los contribuyentes.
Quienes defienden la minería de uranio enarbolan tres argumentos: toda minería implica impactos, no solo la del uranio, las regulaciones modernas son mucho más estrictas que en el pasado y muchos países mineros sí obtienen beneficios económicos importantes.
El hecho que toda minería se sucia, no implica que la del uranio sea limpia. No justifica nada.
Es cierto que hoy existen monitoreo radiológico, restauración obligatoria y fondos de cierre de minas. También es cierto que solo en pocos países se concreta la restauración y el monitoreo.
El debate sobre equidad social sigue abierto. La discusión sobre injusticia ambiental en el uranio no se centra solo en la radiación o la contaminación.
Trata sobre tres preguntas más amplias:
⦁ ¿Dónde se localizan los riesgos ambientales?
⦁ ¿Quién recibe realmente los beneficios económicos y energéticos?
⦁ ¿Quién paga la restauración cuando la mina se cierra?
Cuando esas tres cosas no coinciden en las mismas comunidades, absoluta INJUSTICIA SOCIAL.
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Por qué países con grandes programas nucleares como Francia, Japón, Corea del Sur, etcétera, casi no tienen minería de uranio en su propio territorio.
Veamos cómo funciona la geografía real de la energía nuclear en el mundo.
Muchos países que producen gran cantidad de electricidad nuclear no tienen minería de uranio en su territorio o la tienen en cantidades mínimas. El combustible se importa desde otros países.
Francia, país que se decidió por la energía nuclear para independizarse de las importaciones de petróleo es uno de los ejemplos más citados.
Aproximadamente 65–70 % de su electricidad proviene de la energía nuclear, posee uno de los mayores parques nucleares del mundo. Sin embargo, ya no tiene minería de uranio activa en su territorio, importa el uranio principalmente de Kazajistán, Uzbekistán, Canadá y Níger, este último origen históricamente el más importante.
Francia se independizó de la importación de petróleo y cayó en la dependencia de la importación de uranio.
Durante décadas, la empresa estatal francesa Orano, explotó grandes minas en la región de Arlit, en Níger.
Francia produce electricidad nuclear pero los impactos mineros se concentran fuera de Europa.
Pero Japón nunca tuvo minas de uranio comerciales. Todo el combustible provenía de importaciones, principalmente de Kazajistán, Canadá, Australia y Namibia.
Es decir, un país industrial altamente electrificado, dependía completamente de uranio extraído en otros continentes.
Corea del Sur es otro caso claro. Cerca del 30 % de su electricidad proviene de la energía nuclear. Posee reactores muy avanzados tecnológicamente. Pero no posee minería de uranio. Su combustible proviene sobre todo de Kazajistán, Canadá, Australia y Namibia.
Conclusión Los grandes consumidores nucleares Francia, Japón, Corea del Sur y gran parte de Europa no son los grandes productores de uranio.
Los principales productores de uranio tienen regiones desérticas o remotas y economías basadas en exportación de recursos.
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