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Algo para imitar

El gobierno italiano ha decidido reducir la cantidad de diputados y senadores, en una medida que pretende dar respuesta a los reclamos de los habitantes por un lado y a la necesidad de reducir el gasto público. Decisión afortunada si pensamos en los enormes presupuestos que tienen los países para mantener sus representantes, sobre todo en algunas naciones con extremas necesidades de dar bienestar a sus habitantes.

Emilio Balado

En un análisis de los resultados que deberían aparecer en compensación a esos gastos, nos damos cuenta que en la mayoría de los casos no se justifica semejante erogación, y el funcionamiento de esos cuerpos colegiados, si se considera el gasto excesivo en dietas, asesores, empleados paralelos, gastos de funcionamiento, vehículos, etc. etc.
Podemos analizar que en muchos casos las leyes y reglamentos demoran años en dar satisfacción a la gente y en otros, esto no ocurre nunca y hasta muchas veces se pone en duda lo práctico de muchas leyes que se dictan para dar respuesta cierta a la comunidad. Lo ideal sería que por empezar se eligieran para esos cargos a personas idóneas y criteriosas que produzcan realmente leyes prácticas que beneficien a todos, ya que muchas veces en su confección ni se ha respetado la Constitución .
En este aspecto las antiguas tribus integraban sus clanes consultivos con los hombres más destacados de su grupo y se elegían casi siempre a los más ancianos y sabios, que se suponía tenían la experiencia de vida que les daba ese privilegio.
Pero suponiendo que de acuerdo a la vida moderna y en aras de la democracia participativa, donde se supone que se gobierna en representación del pueblo, aunque en la práctica sabemos que la verdad, es que todo es manejado por grupos de políticos, que hacen caer en la trampa al elector en muchos de los casos, y en este aspecto hemos visto y vemos los magros resultados de esos gobiernos nacidos de una hermosa campaña, que al final defraudó cuando los candidatos llegan al poder.   
Muy diferente sería si esos cargos fueran ejercidos por la verdadera convicción de trabajar para el bienestar de la gente. Entonces no sería extraño que los candidatos lo hicieran ad-honorem, es decir sin cobrar y haciendo uso de sus recursos para moverse. Quizás recordar la reflexión del célebre Landriscina: «De que a la Patria no se le cobra», es lo apropiado. Claro está que como dicen muchos, esta es una idea de locos, ya que de esta forma serían pocos los que podrían participar y solo lo harían los que tuvieran demostrada vocación patriótica (¿Qué es eso de ser patriota?) Hay que remontarse a la historia, donde muchos de nuestros héroes lo dieron todo por la Patria. ¿No sería divino que esto ocurriera? Que iluso. En qué mundo vivís. Se preguntarán muchos.   
Tal así las cosas, los intereses son tan grandes que difícilmente se piense que pueda cambiarse el pensamiento de los que en aras de la democracia, aprovechan la coyuntura para arrimar agua a su molino. Desde ya que los que sufren son los pueblos, que pensando que algo cambiará, no cambia nada. Y vendrán otras elecciones y volveremos a votar.                                        
 

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Algo para imitar

El gobierno italiano ha decidido reducir la cantidad de diputados y senadores, en una medida que pretende dar respuesta a los reclamos de los habitantes por un lado y a la necesidad de reducir el gasto público. Decisión afortunada si pensamos en los enormes presupuestos que tienen los países para mantener sus representantes, sobre todo en algunas naciones con extremas necesidades de dar bienestar a sus habitantes.

En un análisis de los resultados que deberían aparecer en compensación a esos gastos, nos damos cuenta que en la mayoría de los casos no se justifica semejante erogación, y el funcionamiento de esos cuerpos colegiados, si se considera el gasto excesivo en dietas, asesores, empleados paralelos, gastos de funcionamiento, vehículos, etc. etc.
Podemos analizar que en muchos casos las leyes y reglamentos demoran años en dar satisfacción a la gente y en otros, esto no ocurre nunca y hasta muchas veces se pone en duda lo práctico de muchas leyes que se dictan para dar respuesta cierta a la comunidad. Lo ideal sería que por empezar se eligieran para esos cargos a personas idóneas y criteriosas que produzcan realmente leyes prácticas que beneficien a todos, ya que muchas veces en su confección ni se ha respetado la Constitución .
En este aspecto las antiguas tribus integraban sus clanes consultivos con los hombres más destacados de su grupo y se elegían casi siempre a los más ancianos y sabios, que se suponía tenían la experiencia de vida que les daba ese privilegio.
Pero suponiendo que de acuerdo a la vida moderna y en aras de la democracia participativa, donde se supone que se gobierna en representación del pueblo, aunque en la práctica sabemos que la verdad, es que todo es manejado por grupos de políticos, que hacen caer en la trampa al elector en muchos de los casos, y en este aspecto hemos visto y vemos los magros resultados de esos gobiernos nacidos de una hermosa campaña, que al final defraudó cuando los candidatos llegan al poder.   
Muy diferente sería si esos cargos fueran ejercidos por la verdadera convicción de trabajar para el bienestar de la gente. Entonces no sería extraño que los candidatos lo hicieran ad-honorem, es decir sin cobrar y haciendo uso de sus recursos para moverse. Quizás recordar la reflexión del célebre Landriscina: «De que a la Patria no se le cobra», es lo apropiado. Claro está que como dicen muchos, esta es una idea de locos, ya que de esta forma serían pocos los que podrían participar y solo lo harían los que tuvieran demostrada vocación patriótica (¿Qué es eso de ser patriota?) Hay que remontarse a la historia, donde muchos de nuestros héroes lo dieron todo por la Patria. ¿No sería divino que esto ocurriera? Que iluso. En qué mundo vivís. Se preguntarán muchos.   
Tal así las cosas, los intereses son tan grandes que difícilmente se piense que pueda cambiarse el pensamiento de los que en aras de la democracia, aprovechan la coyuntura para arrimar agua a su molino. Desde ya que los que sufren son los pueblos, que pensando que algo cambiará, no cambia nada. Y vendrán otras elecciones y volveremos a votar.                                        
 

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