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EL CORONAVIRUS Y LA ADOLESCENCIA

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Por REDACCIÓN CHUBUT

Cuando las autoridades decretaron el aislamiento social, preventivo y obligatorio para tratar de contener la propagación del COVID-19, muchos pensaron que quienes menos lo sufrirían serían los adolescentes, acostumbrados a pasar muchas horas conectados con el mundo desde sus cuartos a través de teléfonos, computadoras y consolas de juegos. Sin embargo, con la prolongación del encierro comenzaron a surgir evidencias sobre cuadros de depresión y otras consecuencias anímicas acaso impensadas allá por marzo, cuando se inició la cuarentena a raíz de la pandemia.

“El aislamiento afectó más el cerebro de los adolescentes que otras franjas de edad. Uno esperaría que el adolescente, ligado a la tecnología y las redes sociales, podría sobrellevarlo mejor, pero no fue así”, afirmó la psicóloga Teresa Torralva, directora del Departamento de Neuropsicología y Rehabilitación del Instituto de Tecnología Cognitiva (INECO) en base a los resultados de una encuesta a nivel nacional sobre 12.000 casos.
La doctora Torralva tenía previsto visitar la provincia de Chubut en el marco de un ciclo de charlas promovidas por Pan American Energy (PAE) como parte de su trabajo de Responsabilidad Social Empresaria, pero a raíz de la pandemia y de la cuarentena social obligatoria impuesta en todo el país, la empresa consideró oportuno readaptar las actividades previstas para el primer semestre. Es así que la Dr. Torralva y distintos profesionales de INECO encabezarán una serie de columnas con consejos para atravesar de la mejor manera este momento que nos toca. Coronavirus y adolescencia, es la tercera de esta serie.

En ese marco, la especialista advirtió que “los jóvenes argentinos presentan síntomas más intensos de depresión que las personas mayores y fueron específicamente los sentimientos de soledad los que aparecieron como el factor más importante asociado a los síntomas emocionales.”
“Ser adolescente es complejo de por sí. Los adolescentes atraviesan por un proceso cerebral particular en el que existe un desbalance entre las áreas del cerebro relacionadas con las emociones, las que se encuentran hiper desarrolladas y una inmadurez de la corteza prefrontal, área relacionada con el control de los impulsos, la evaluación de riesgos, la planificación, organización y la empatía”, explicó.
No obstante, la doctora Torralva aclaró que “cuál es el impacto real de la cuarentena sobre este cerebro en desarrollo no está aún del todo claro, pero revisiones actuales sobre el tema sugieren que el impacto psicológico pareciera ser mayor en esta población que en otras”.  Esto confirmaría la importancia del elemento social cara a cara en la regulación del ánimo de los jóvenes, tal como los vienen demostrando diferentes estudios a nivel mundial.
“El aislamiento –indicó- genera sentimientos y emociones particulares en cada persona, y más aún en los adolescentes, jóvenes ávidos por aprender, socializar y desafiar la vida”.
 

El cerebro en desarrollo
La doctora Torralva  explicó que en la cuarentena “los jóvenes se sienten más limitados en su vida social y muestran una mayor necesidad de contacto y actividad física que los grupos de personas mayores, y al mismo tiempo, tienen una percepción del peligro y del riesgo al contagio menor que los otros grupos, por lo que es posible que la relación costo-beneficio del aislamiento sea más desventajosa para ellos”.
“Esta hipótesis es consistente con la teoría del cerebro aún en desarrollo de los adolescentes con una suerte de ’miopía’ hacia las recompensas futuras e hipersensibilidad de las estructuras cerebrales relacionadas con las emociones”, señaló.
Para la especialista, “si el chico puede ver que este esfuerzo es para cuidar a sus abuelos, por ejemplo, se activa el circuito de la recompensa, donde el cerebro libera dopamina y es un efecto similar al de la satisfacción de comer un chocolate, o pequeños actos de placer en la vida cotidiana. Este es la más importante de las estrategias, pero no es sencillo ponerla en práctica, sobre todo por el tiempo transcurrido, en el que será necesario que haya algún tipo de flexibilización”.
“Cuáles son los efectos de las pérdidas relativas a sus eventos, los encuentros sociales, sus salidas, el ejercicio físico, el estudio, etc., todavía no lo sabemos, pero menos aun imaginamos cómo sobrellevarán nuevos desafíos como el trabajo y estudio remoto, tanto tiempo exclusivo en familia, los cambios en su rutina, el contacto solo virtual con sus amigos, y la gran incertidumbre de lo que pasará”, advirtió.
La doctora Torralva consideró también que la salida del aislamiento debe ser muy bien planificada para evitar la posibilidad de un “efecto rebote”, como el que se da en una dieta “cuando alguien vuelve a engordar después de dos meses sin comer”.
“Los jóvenes y niños son esponjas, aprenden de lo que ven y viven en sus propias casas. Debemos fomentar la salud  de los padres para ser resilientes, para salir fortalecidos de una situación tan complicada como ésta”, concluyó.


 

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EL CORONAVIRUS Y LA ADOLESCENCIA

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Cuando las autoridades decretaron el aislamiento social, preventivo y obligatorio para tratar de contener la propagación del COVID-19, muchos pensaron que quienes menos lo sufrirían serían los adolescentes, acostumbrados a pasar muchas horas conectados con el mundo desde sus cuartos a través de teléfonos, computadoras y consolas de juegos. Sin embargo, con la prolongación del encierro comenzaron a surgir evidencias sobre cuadros de depresión y otras consecuencias anímicas acaso impensadas allá por marzo, cuando se inició la cuarentena a raíz de la pandemia.

“El aislamiento afectó más el cerebro de los adolescentes que otras franjas de edad. Uno esperaría que el adolescente, ligado a la tecnología y las redes sociales, podría sobrellevarlo mejor, pero no fue así”, afirmó la psicóloga Teresa Torralva, directora del Departamento de Neuropsicología y Rehabilitación del Instituto de Tecnología Cognitiva (INECO) en base a los resultados de una encuesta a nivel nacional sobre 12.000 casos.
La doctora Torralva tenía previsto visitar la provincia de Chubut en el marco de un ciclo de charlas promovidas por Pan American Energy (PAE) como parte de su trabajo de Responsabilidad Social Empresaria, pero a raíz de la pandemia y de la cuarentena social obligatoria impuesta en todo el país, la empresa consideró oportuno readaptar las actividades previstas para el primer semestre. Es así que la Dr. Torralva y distintos profesionales de INECO encabezarán una serie de columnas con consejos para atravesar de la mejor manera este momento que nos toca. Coronavirus y adolescencia, es la tercera de esta serie.

En ese marco, la especialista advirtió que “los jóvenes argentinos presentan síntomas más intensos de depresión que las personas mayores y fueron específicamente los sentimientos de soledad los que aparecieron como el factor más importante asociado a los síntomas emocionales.”
“Ser adolescente es complejo de por sí. Los adolescentes atraviesan por un proceso cerebral particular en el que existe un desbalance entre las áreas del cerebro relacionadas con las emociones, las que se encuentran hiper desarrolladas y una inmadurez de la corteza prefrontal, área relacionada con el control de los impulsos, la evaluación de riesgos, la planificación, organización y la empatía”, explicó.
No obstante, la doctora Torralva aclaró que “cuál es el impacto real de la cuarentena sobre este cerebro en desarrollo no está aún del todo claro, pero revisiones actuales sobre el tema sugieren que el impacto psicológico pareciera ser mayor en esta población que en otras”.  Esto confirmaría la importancia del elemento social cara a cara en la regulación del ánimo de los jóvenes, tal como los vienen demostrando diferentes estudios a nivel mundial.
“El aislamiento –indicó- genera sentimientos y emociones particulares en cada persona, y más aún en los adolescentes, jóvenes ávidos por aprender, socializar y desafiar la vida”.
 

El cerebro en desarrollo
La doctora Torralva  explicó que en la cuarentena “los jóvenes se sienten más limitados en su vida social y muestran una mayor necesidad de contacto y actividad física que los grupos de personas mayores, y al mismo tiempo, tienen una percepción del peligro y del riesgo al contagio menor que los otros grupos, por lo que es posible que la relación costo-beneficio del aislamiento sea más desventajosa para ellos”.
“Esta hipótesis es consistente con la teoría del cerebro aún en desarrollo de los adolescentes con una suerte de ’miopía’ hacia las recompensas futuras e hipersensibilidad de las estructuras cerebrales relacionadas con las emociones”, señaló.
Para la especialista, “si el chico puede ver que este esfuerzo es para cuidar a sus abuelos, por ejemplo, se activa el circuito de la recompensa, donde el cerebro libera dopamina y es un efecto similar al de la satisfacción de comer un chocolate, o pequeños actos de placer en la vida cotidiana. Este es la más importante de las estrategias, pero no es sencillo ponerla en práctica, sobre todo por el tiempo transcurrido, en el que será necesario que haya algún tipo de flexibilización”.
“Cuáles son los efectos de las pérdidas relativas a sus eventos, los encuentros sociales, sus salidas, el ejercicio físico, el estudio, etc., todavía no lo sabemos, pero menos aun imaginamos cómo sobrellevarán nuevos desafíos como el trabajo y estudio remoto, tanto tiempo exclusivo en familia, los cambios en su rutina, el contacto solo virtual con sus amigos, y la gran incertidumbre de lo que pasará”, advirtió.
La doctora Torralva consideró también que la salida del aislamiento debe ser muy bien planificada para evitar la posibilidad de un “efecto rebote”, como el que se da en una dieta “cuando alguien vuelve a engordar después de dos meses sin comer”.
“Los jóvenes y niños son esponjas, aprenden de lo que ven y viven en sus propias casas. Debemos fomentar la salud  de los padres para ser resilientes, para salir fortalecidos de una situación tan complicada como ésta”, concluyó.


 

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