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Falleció Darío Lopérfido, exministro de Cultura y exdirector del Teatro Colón

Tenía 61 años y atravesaba una Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), diagnóstico que había hecho público en julio de 2024 a través de un texto personal.

por REDACCIÓN CHUBUT 27/02/2026 - 12.27.hs

Darío Lopérfido, referente de la gestión cultural y figura atravesada por fuertes polémicas en la vida pública argentina, murió este viernes a los 61 años como consecuencia de una Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), enfermedad neurodegenerativa que él mismo había decidido revelar meses atrás en un artículo de tono íntimo y directo.

 

En el último tiempo su cuadro se agravó con rapidez. Con el estilo frontal que lo caracterizó, optó por anticiparse a cualquier especulación y contar en primera persona su situación de salud en un texto publicado en el sitio Seúl, donde abordó la enfermedad sin eufemismos ni dramatizaciones.

 

“Tener ELA es una mierda. No por la posibilidad de morir, que me tiene sin cuidado. La vejez me resulta odiosa; morir sin atravesar esa catástrofe humana, en cambio, me parece un alivio”, escribió entonces. En otro tramo del mismo artículo reflexionó sobre lo que, a su entender, volvía especialmente dura a la enfermedad: “El problema de la ELA es que es una enfermedad sin épica. Un buen cáncer te da todo un tiempo con tratamientos espantosos durante el que podés aparecer pelado y decir ‘yo le voy a ganar al cáncer’. En la mayoría de los casos, el pelado se muere. Pero le deja un legado a su familia: que pueden decir ‘cómo la peleó’”.

 

La publicación tuvo amplia circulación en redes sociales y fue interpretada como una muestra de crudeza y coherencia con una personalidad que, a lo largo de su trayectoria, se distinguió por la confrontación abierta y el rechazo a los matices diplomáticos.

 

Trayectoria en la gestión cultural

Lopérfido nació en Buenos Aires el 5 de junio de 1964. Su recorrido profesional combinó el periodismo, la gestión cultural y la actividad política. En sus inicios trabajó en publicidad, luego en revistas culturales y en la radio FM Rock & Pop. En 1992, con apenas 28 años, fue designado director del Centro Cultural Ricardo Rojas de la Universidad de Buenos Aires, cargo que marcó el comienzo de su proyección en la función pública.

 

Posteriormente se desempeñó como secretario de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires durante la gestión de Fernando de la Rúa. En 1999, tras la llegada de De la Rúa a la Presidencia, asumió como secretario de Cultura de la Nación con rango ministerial y más tarde como secretario de Medios de Comunicación.

 

En ese período integró el denominado Grupo Sushi, un círculo de jóvenes funcionarios y asesores cercanos al presidente. El apodo, instalado por la prensa, aludía a su perfil urbano y cosmopolita, en contraste con la tradición más austera del radicalismo histórico. Ese espacio fue visto por algunos como expresión de renovación generacional dentro de la Alianza y por otros como símbolo de una dirigencia desconectada de la crisis social que se profundizaría hacia el final del gobierno.

 

Su vida privada también ocupó espacios en los medios, especialmente durante su relación con la guitarrista y compositora María Gabriela Epumer, referente del rock argentino e integrante de Viuda e Hijas de Roque Enroll, además de colaboradora de Charly García. Tras la muerte de Epumer en 2003, Lopérfido la evocó en diversas entrevistas como una figura clave en su vida, en un registro muy distinto al tono que utilizaba en el debate político.

 

Años después regresó a la gestión porteña durante la jefatura de Gobierno de Mauricio Macri, donde fue ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires. Desde ese rol impulsó cambios en organismos artísticos y promovió —según su definición— una profesionalización de la administración cultural y una ampliación del acceso a bienes culturales. Sus críticos, en cambio, señalaron un sesgo ideológico y cuestionaron su estilo confrontativo.

 

Uno de los capítulos más visibles de su carrera fue su conducción del Teatro Colón como director general. Allí promovió coproducciones internacionales y una reorganización administrativa que, sostuvo, fortaleció la programación y la proyección internacional de la institución. Su gestión también estuvo atravesada por conflictos sindicales y cuestionamientos internos. En 2017 fue designado representante especial para la promoción de la cultura argentina en Berlín, cargo que ocupó durante ocho meses.

 

Controversias y salida del gobierno

A lo largo de los años, Lopérfido mantuvo una presencia activa en medios de comunicación, con columnas de opinión —algunas publicadas en la Agencia Noticias Argentinas— y participación en debates culturales. Su figura quedó asociada tanto a iniciativas de modernización institucional como a declaraciones que generaron fuertes rechazos.

 

Uno de los momentos más críticos de su trayectoria se produjo tras cuestionar públicamente las cifras de víctimas de la última dictadura militar. Sus dichos motivaron repudios, movilizaciones y finalmente su renuncia al Ministerio de Cultura porteño en 2016. En ese contexto, defendió la revisión de datos históricos y denunció una utilización política de la memoria.

 

Ese episodio consolidó su perfil como dirigente polarizante: para algunos, un funcionario dispuesto a desafiar consensos; para otros, alguien que traspasó límites en un tema sensible para la sociedad argentina.

 

Tras dejar la función pública, continuó vinculado a proyectos culturales y sostuvo una participación activa en redes y medios, sin moderar el tono irónico y desafiante que lo caracterizaba.

 

En el plano personal, en 2014 se casó con Esmeralda Mitre; la relación concluyó a comienzos de 2018. Un año después fue padre de Theo, junto a Vinnie Blache Spencer.

 

La enfermedad y el último texto

El artículo que publicó en Seúl permitió conocer una dimensión más íntima. Allí describió el avance de la ELA, enfermedad que afecta las neuronas motoras y provoca un deterioro progresivo de la movilidad, el habla y la respiración.

 

Sin adoptar la narrativa tradicional de la lucha contra la enfermedad, escribió: “La ELA es una enfermedad sin épica”, reafirmando su distancia frente a los relatos heroicos.

 

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