Uranio: importar o producir I
Analicemos este asunto: ¿es preferible importar a explotar nuestras minas para producir yellowcake? La minería de uranio ha sido y es contaminante, esto no se discute, de ahí que sea legítimo el interrogante.
Los grandes problemas históricos: minas a cielo abierto sin control que generaron drenaje ácido; minas subterráneas mal ventiladas, que implicaban cáncer por radón en los trabajadores; lixiviación in situ que, sin un seguro confinamiento, contaminó acuíferos.
A todo esto, hay que agregar los pasivos abandonados, en muchos países, Estados Unidos, Europa del Este, Argentina, etc. El legado ambiental global existe y es grave. Es un hábito el abandono de las minas de uranio.
Conclusión: alta huella ambiental; pasivos a largo plazo y alta oposición social.
Importando evitamos nuestra minería contaminante, menos trabajadores con cáncer y otras enfermedades producidas por ella. No generaremos escombreras ni pasivos futuros.
La imagen nos muestra el sitio de la Planta de Tratamiento Pichiñán, donde hace más de 45 años se lixiviaron los minerales extraídos de las minas Los Adobes y Cerro Cóndor. Para le CNEA parece que hay dos maneras de evitar los perjuicios ambientales de los residuos abandonados, una es efectuar la remediación, la otra alambrar el perímetro y colocar un cartel.
Hay países con experiencia de años y multitud de minas explotadas, y algunos como Australia y Canadá con regulaciones robustas y seguras, que se cumplen.
Cuando existe un rechazo social fuerte, la importación es una salida racional, como es el caso de la provincia del Chubut.
Claro que importar no elimina la contaminación, solo la externaliza, impide que se produzca en el país.
Mientras se siga explotando la energía nuclear, el yellowcake será necesario y deberá seguir produciéndose. Solo falta establecer quién asume el daño.
Desde una ética ambiental estricta, la importación es coherente si el proveedor tiene estándares superiores; en cambio es hipócrita si se compra a países con controles laxos como lo hacen algunos países europeos. Por supuesto importar no es “limpio”: es deslocalizado.
Con la importación resulta menor el impacto local, pero genera dependencia externa. Huella de transporte siempre hay, es preciso llevar el yellowcake desde la mina hasta la empresa productora de la materia prima del combustible nuclear, actualmente en Córdoba.
Con la lixiviación in situ (ISR), el impacto físico es reducido, si la remediación es obligatoria y no esquivable, solo queda la contaminación de acuíferos. Requiere condiciones geológicas favorables y un control estatal fuerte. En próxima nota profundizaremos el tema.
En el mundo no hay un ejemplo bien documentado y científicamente verificado de una operación de ISR en que se haya restaurado un acuífero subterráneo a sus condiciones pre-minería, sin dejar contaminación remanente.
En Argentina hoy no hay licencia social, tiene abundantes pasivos sin cerrar, organismos técnicos capaces, pero débiles políticamente y un financiamiento irregular. El resultado lógico de todo esto, es importar, es la opción menos mala.
¿Qué hacen otros países? Canadá produce e importa; Francia dejó de explotar minas en su territorio, su empresa explota solo en otros países, por lo tanto, importa todo; Japón importa todo; Kazajistán produce masivamente por el procedimiento ISR.
Conclusión clara: dadas las condiciones actuales de Argentina, importar yellowcake es preferible desde todo punto de vista: ambiental, local, social y político. No es una solución limpia, solo una solución cómoda.
La solución limpia es abandonar la contaminante energía nuclear.
Mi conclusión es que lo mejor sería dejar progresivamente de utilizar la energía atómica, o reducirla a la mínima expresión, fundamentalmente por la contaminación de la minería y por la producción de residuos de permanencia milenaria y explotar los inmensos recursos energéticos disponibles, viento y sol con almacenamiento.
Continúa...
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