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Algunas soluciones

Ante la crisis que vive la provincia no se conocen las acciones concretas que podrían realizarse para superar la situación. Pareciera que todos los participantes del desastre no encuentran la salida, por lo tanto se profundiza el panorama porque no aclara en el horizonte.

Emilio Balado

Y resulta que es tan fácil encarar modificaciones superadoras, desde ya, si existe el coraje para realizarlas. Si bien no solucionarían el total del desastre, ayudarían bastante a salir del pantano. Veamos: reducir el número de ministerios y secretarías a la mitad, que el sueldo más alto a percibir por cualquier persona que esté en el presupuesto no sea superior al de director general. Venta de toda la chatarra existente, incluido automóviles en desuso. Que el ingreso de nuevos empleados sea realmente vetado. Venta de todos los automóviles y que solo tengan los ministros y los demás en un parque automotor (sistema que ya existió) donde se solicite un vehículo cuando reales acciones de servicio lo justifiquen. Cancelar todos los gastos en alquiler, teléfonos celulares, combustibles, etc. Quienes deseen obtener ese beneficio que lo abonen de su bolsillo. Los que tengan que realizar comisiones al interior provincial, deberán juntarse en un solo viaje para evitar gastos. Reducir al mínimo los viajes a la ciudad de Buenos Aires y a otros lugares. Planificar para que tantos empleados que no tiene nada para hacer sean ocupados en la actividad privada, a la que se deberá incentivar para que puedan desarrollar su capacidad. Control real de horarios y concurrencia a los lugares de trabajo, como existía en el pasado, como así también los certificados por enfermedad. Acciones similares en otros poderes del Estado. 
En el caso de la Legislatura, equiparar los sueldos a los del resto de la provincia y dar de baja a todos los asesores. Lo ideal sería como ocurre en otros países del mundo donde el trabajo es ad-honorem, dejando cinco o seis asesores que realmente sepan, para todos los bloques. 
El gobierno gasta gran parte del presupuesto en educación sin obtener resultados ciertos. Ya se vio el año pasado con los días de clase, que fueron muy pocos y obtenemos niños «burros», poniendo en juego su futuro y el nuestro, y pareciera que este año vamos por el mismo camino. Y así podrían enumerarse muchísimas cosas más para paliar la crisis.
¿Será un abuso a los privilegios que se tienen en esta provincia o sería cierto que el déficit bajaría considerablemente y que por otro lado ordenaría un Estado que atraviesa serias dificultades económicas? Las mentes lúcidas analizarían todas las alternativas reales de cómo salir adelante y superar la crisis, como lo hicieron los grandes estadistas de la historia. Quizás hacer propuestas no sea más que una idea loca que puede o no ser analizada, pero que indudablemente en nuestro caso daría resultado. ¿Será posible que alguien piense en cómo salir de este atolladero, para dar respuesta a tanta gente que votó confiada y que hoy ve que el timón se ha perdido y el barco se hunde?
 

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Algunas soluciones

Ante la crisis que vive la provincia no se conocen las acciones concretas que podrían realizarse para superar la situación. Pareciera que todos los participantes del desastre no encuentran la salida, por lo tanto se profundiza el panorama porque no aclara en el horizonte.

Y resulta que es tan fácil encarar modificaciones superadoras, desde ya, si existe el coraje para realizarlas. Si bien no solucionarían el total del desastre, ayudarían bastante a salir del pantano. Veamos: reducir el número de ministerios y secretarías a la mitad, que el sueldo más alto a percibir por cualquier persona que esté en el presupuesto no sea superior al de director general. Venta de toda la chatarra existente, incluido automóviles en desuso. Que el ingreso de nuevos empleados sea realmente vetado. Venta de todos los automóviles y que solo tengan los ministros y los demás en un parque automotor (sistema que ya existió) donde se solicite un vehículo cuando reales acciones de servicio lo justifiquen. Cancelar todos los gastos en alquiler, teléfonos celulares, combustibles, etc. Quienes deseen obtener ese beneficio que lo abonen de su bolsillo. Los que tengan que realizar comisiones al interior provincial, deberán juntarse en un solo viaje para evitar gastos. Reducir al mínimo los viajes a la ciudad de Buenos Aires y a otros lugares. Planificar para que tantos empleados que no tiene nada para hacer sean ocupados en la actividad privada, a la que se deberá incentivar para que puedan desarrollar su capacidad. Control real de horarios y concurrencia a los lugares de trabajo, como existía en el pasado, como así también los certificados por enfermedad. Acciones similares en otros poderes del Estado. 
En el caso de la Legislatura, equiparar los sueldos a los del resto de la provincia y dar de baja a todos los asesores. Lo ideal sería como ocurre en otros países del mundo donde el trabajo es ad-honorem, dejando cinco o seis asesores que realmente sepan, para todos los bloques. 
El gobierno gasta gran parte del presupuesto en educación sin obtener resultados ciertos. Ya se vio el año pasado con los días de clase, que fueron muy pocos y obtenemos niños «burros», poniendo en juego su futuro y el nuestro, y pareciera que este año vamos por el mismo camino. Y así podrían enumerarse muchísimas cosas más para paliar la crisis.
¿Será un abuso a los privilegios que se tienen en esta provincia o sería cierto que el déficit bajaría considerablemente y que por otro lado ordenaría un Estado que atraviesa serias dificultades económicas? Las mentes lúcidas analizarían todas las alternativas reales de cómo salir adelante y superar la crisis, como lo hicieron los grandes estadistas de la historia. Quizás hacer propuestas no sea más que una idea loca que puede o no ser analizada, pero que indudablemente en nuestro caso daría resultado. ¿Será posible que alguien piense en cómo salir de este atolladero, para dar respuesta a tanta gente que votó confiada y que hoy ve que el timón se ha perdido y el barco se hunde?
 

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