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La deuda

Analizando las perspectivas señaladas por este mismo diario en su suplemento Economía y Empresa, nos informamos que la provincia del Chubut mantiene una deuda de unos: un mil seis millones de dólares, que el Gobierno intenta pagar en el lapso de 28 años.

Emilio Balado

Es decir que la terminarán saldando los hijos de nuestros nietos si Dios quiere que todo salga bien. Pero la realidad nos va marcando que esa idea es solo una expresión de deseos, ya que si no aparece alguna ayuda extra, tal como están las cosas hoy día, va a ser muy difícil de concretar.
Ahondar en cómo se llegó a esta situación no es tal difícil, si analizamos la historia del desgobierno que existió y aún continúa, porque se supone que ese endeudamiento se realizó pensando que nuestros recursos eran interminables o que cuando el agua llegara al cuello, como ocurre ahora, aparecería tras la varita mágica, alguna ayuda exterior que nos permitiría continuar con el manejo de una mala administración.
 Desde ya que esto viene desde hace varios años atrás, donde pareciera que no existió un análisis serio de economistas que pensaran con los pies en la tierra al elaborar los presupuestos. Paralelamente se incrementó la planta de personal, donde paradójicamente casi un diez por ciento (10%) de la población vive del Estado, quedando poco que contar para realizar obras y mantener sistemas tales como la salud, la educación, la seguridad y otros pormenores que hacen a la sana vida ciudadana. Hoy las crisis asoman por todas partes y cuesta mucho tapar los agujeros.
Esa falta de planificación del manejo del Estado, hoy permite pensar que nuestros grandes recursos no fueron tenidos en cuenta para un desarrollo equilibrado, donde debió existir una coherencia en cómo aprovecharlos para el bienestar de la población, que hoy debería poder contar con fuentes de trabajo genuinas donde se ocuparan sus habitantes.
Y permítanme que insista en el tema, pero, dentro de poco volveremos a votar y casi seguro que se volverá a caer en la elección de los menos comprometidos, que no obstante harán gala de los esfuerzos para captar nuevos votantes que volverán a caer en la misma trampa, entonces nuestras esperanzas seguirán esperando otro turno político donde desde ya se volverá a caer nuevamente. Resultado no le echemos la culpa a nadie, ya que sin lugar a dudas la culpa la tendremos nosotros. Hoy ya podemos ver y escuchar en las redes sociales y otros medios de comunicación, las aspiraciones de muchos candidatos, la falta de proyectos serios y concisos, y hasta la falta de cultura en sus escritos. Entonces qué podemos esperar: ¿Que ganen? En nosotros está la decisión de cambiar las cosas. Debemos aprovechar la oportunidad de analizar seriamente cada propuesta, cada candidato, que en el futuro enderece el rumbo de nuestra historia, esa que debió habernos hecho grandes como país y como provincia hace mucho tiempo, pero que aún continúa en el derrotero de los fracasos.

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La deuda

Analizando las perspectivas señaladas por este mismo diario en su suplemento Economía y Empresa, nos informamos que la provincia del Chubut mantiene una deuda de unos: un mil seis millones de dólares, que el Gobierno intenta pagar en el lapso de 28 años.

Es decir que la terminarán saldando los hijos de nuestros nietos si Dios quiere que todo salga bien. Pero la realidad nos va marcando que esa idea es solo una expresión de deseos, ya que si no aparece alguna ayuda extra, tal como están las cosas hoy día, va a ser muy difícil de concretar.
Ahondar en cómo se llegó a esta situación no es tal difícil, si analizamos la historia del desgobierno que existió y aún continúa, porque se supone que ese endeudamiento se realizó pensando que nuestros recursos eran interminables o que cuando el agua llegara al cuello, como ocurre ahora, aparecería tras la varita mágica, alguna ayuda exterior que nos permitiría continuar con el manejo de una mala administración.
 Desde ya que esto viene desde hace varios años atrás, donde pareciera que no existió un análisis serio de economistas que pensaran con los pies en la tierra al elaborar los presupuestos. Paralelamente se incrementó la planta de personal, donde paradójicamente casi un diez por ciento (10%) de la población vive del Estado, quedando poco que contar para realizar obras y mantener sistemas tales como la salud, la educación, la seguridad y otros pormenores que hacen a la sana vida ciudadana. Hoy las crisis asoman por todas partes y cuesta mucho tapar los agujeros.
Esa falta de planificación del manejo del Estado, hoy permite pensar que nuestros grandes recursos no fueron tenidos en cuenta para un desarrollo equilibrado, donde debió existir una coherencia en cómo aprovecharlos para el bienestar de la población, que hoy debería poder contar con fuentes de trabajo genuinas donde se ocuparan sus habitantes.
Y permítanme que insista en el tema, pero, dentro de poco volveremos a votar y casi seguro que se volverá a caer en la elección de los menos comprometidos, que no obstante harán gala de los esfuerzos para captar nuevos votantes que volverán a caer en la misma trampa, entonces nuestras esperanzas seguirán esperando otro turno político donde desde ya se volverá a caer nuevamente. Resultado no le echemos la culpa a nadie, ya que sin lugar a dudas la culpa la tendremos nosotros. Hoy ya podemos ver y escuchar en las redes sociales y otros medios de comunicación, las aspiraciones de muchos candidatos, la falta de proyectos serios y concisos, y hasta la falta de cultura en sus escritos. Entonces qué podemos esperar: ¿Que ganen? En nosotros está la decisión de cambiar las cosas. Debemos aprovechar la oportunidad de analizar seriamente cada propuesta, cada candidato, que en el futuro enderece el rumbo de nuestra historia, esa que debió habernos hecho grandes como país y como provincia hace mucho tiempo, pero que aún continúa en el derrotero de los fracasos.

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