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Nuestra realidad

Hace unos días una ministra de Producción de una provincia argentina, en un reportaje que se le hacía, al tocar el tema de nuestra realidad económica, manifestaba que «el problema de nuestro país no es la falta de recursos económicos, sino que el problema es político».

Emilio Balado

Y mirando nuestra historia nos damos cuenta que a través del tiempo, nada ha cambiado y que nunca despegamos con un verdadero proyecto de país que continuara en el tiempo por los diferentes gobiernos que tuvimos. Siempre pareció que era mejor hacer lo que nos diera la gana, sin pensar un poco como seguir adelante teniendo todo lo que tenemos.
En algunos momentos parecía que salíamos tras algún plan de desarrollo progresivo, pero esto duró tan poco que ni nos dimos cuenta del intento. Un inmenso país con todo lo que Dios nos dio y que el mundo puede imaginar; casi sin población, ni fuertes conflictos sociales. ¿Qué nos pasa?
Alguien dijo una vez que esto se soluciona sacando a los argentinos. Dura reflexión que es para analizar. Pero quizás nuestra peor cuestión sea el manejo político que se ha realizado a través de la historia, que no nos ha permitido crecer como debiéramos. Nuestra falta de comprensión, de que gobierne quien gobierne tiene que ser apoyado en beneficio del interés hacia nuestra Nación y su población, y no al interés particular de grupos que se manejan tras otras intenciones. Y allí está la diferencia.
Correr tras un proyecto de país es lo que nos hace falta, donde las metas de grandeza sean nuestro faro y con un plan podamos continuar hacia el crecimiento como Nación. Pero para ello hay que dejar de lado las mezquindades del «Yo» para incorporarnos al gran objetivo de salir adelante.
Parece difícil conjugar acciones, pero debemos volver a esa escuela donde te formaban para ser un ciudadano correcto en pro de un futuro mejor, donde las igualdades nos cobijen y donde el ciudadano aprenda, para saber cual es su rol ante la vida, porque nadie nació sabiendo y el correr de los años nos van marcando el derrotero de nuestra presencia en la sociedad.
Pareciera un tratado de filosofía, pero argentinos: entendamos que no podemos vivir toda la vida de prebendas y de planes, que hay que trabajar para progresar. No podemos seguir pensando como en algunos casos, en que un gran número de habitantes viven del Estado y de lo que los «dirigentes del momento» nos den, porque ello es caer en la trampa de tenerte agarrado.
El ejemplo de nuestros antepasados, muchos de los cuales vinieron a forjar un porvenir y una nación a fuerza de sacrificios debe ser la meta. ¿Pero quienes se encargará de que esto se cumpla?
No se vislumbra en el horizonte quien quiera tomar la posta.
Vuelven las elecciones y veremos cuales son los privilegiados que nos gobernarán y cuales sus intenciones de hacernos felices. Que Dios y la Patria os lo demanden.
 

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Nuestra realidad

Hace unos días una ministra de Producción de una provincia argentina, en un reportaje que se le hacía, al tocar el tema de nuestra realidad económica, manifestaba que «el problema de nuestro país no es la falta de recursos económicos, sino que el problema es político».

Y mirando nuestra historia nos damos cuenta que a través del tiempo, nada ha cambiado y que nunca despegamos con un verdadero proyecto de país que continuara en el tiempo por los diferentes gobiernos que tuvimos. Siempre pareció que era mejor hacer lo que nos diera la gana, sin pensar un poco como seguir adelante teniendo todo lo que tenemos.
En algunos momentos parecía que salíamos tras algún plan de desarrollo progresivo, pero esto duró tan poco que ni nos dimos cuenta del intento. Un inmenso país con todo lo que Dios nos dio y que el mundo puede imaginar; casi sin población, ni fuertes conflictos sociales. ¿Qué nos pasa?
Alguien dijo una vez que esto se soluciona sacando a los argentinos. Dura reflexión que es para analizar. Pero quizás nuestra peor cuestión sea el manejo político que se ha realizado a través de la historia, que no nos ha permitido crecer como debiéramos. Nuestra falta de comprensión, de que gobierne quien gobierne tiene que ser apoyado en beneficio del interés hacia nuestra Nación y su población, y no al interés particular de grupos que se manejan tras otras intenciones. Y allí está la diferencia.
Correr tras un proyecto de país es lo que nos hace falta, donde las metas de grandeza sean nuestro faro y con un plan podamos continuar hacia el crecimiento como Nación. Pero para ello hay que dejar de lado las mezquindades del «Yo» para incorporarnos al gran objetivo de salir adelante.
Parece difícil conjugar acciones, pero debemos volver a esa escuela donde te formaban para ser un ciudadano correcto en pro de un futuro mejor, donde las igualdades nos cobijen y donde el ciudadano aprenda, para saber cual es su rol ante la vida, porque nadie nació sabiendo y el correr de los años nos van marcando el derrotero de nuestra presencia en la sociedad.
Pareciera un tratado de filosofía, pero argentinos: entendamos que no podemos vivir toda la vida de prebendas y de planes, que hay que trabajar para progresar. No podemos seguir pensando como en algunos casos, en que un gran número de habitantes viven del Estado y de lo que los «dirigentes del momento» nos den, porque ello es caer en la trampa de tenerte agarrado.
El ejemplo de nuestros antepasados, muchos de los cuales vinieron a forjar un porvenir y una nación a fuerza de sacrificios debe ser la meta. ¿Pero quienes se encargará de que esto se cumpla?
No se vislumbra en el horizonte quien quiera tomar la posta.
Vuelven las elecciones y veremos cuales son los privilegiados que nos gobernarán y cuales sus intenciones de hacernos felices. Que Dios y la Patria os lo demanden.
 

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