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Una agresividad e intolerancia que le hace mucho daño a la izquierda
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Una agresividad e intolerancia que le hace mucho daño a la izquierda

Como ocurre en la Capital Federal, en la mayoría de las provincias y, por supuesto, Chubut no es una excepción, mucho daño le hacen a los partidos políticos de izquierda quienes, cobijados bajo sus banderas, aprovechan cualquier hecho desgraciado que ocurra, para salir a las calles y rutas armados con palos, piedras y bombas molotov, para destruir todo lo que encuentran a su paso; sean monumentos históricos, escuelas, iglesias, empresas periodísticas o comerciales, e invariablemente apelan al aerosol para expresar sus fracasos, y aflora un resentimiento social inocultable, pretendiendo responsabilizar a la sociedad de sus frustraciones.

Rosendo Rodríguez Labat

Posiblemente ese incivilizado comportamiento de quienes, a poco de que la fortuna les sonría no vacilan en reemplazar a la hoz y el martillo por el crucifijo, y se olvidan de los pobres para integrarse a círculos sociales donde el materialismo impera. Quien no ha visto esto en la Argentina, es de otro planeta.
Los argentinos tenemos experiencia, una trágica experiencia de lo que ha ocurrido en el país cuando nefastos personajes, que la Justicia no ha juzgado como correspondía, se aprovecharon del lirismo innato de los jóvenes para embarcarlos despiadadamente en una lucha entre hermanos que ha dejado abiertas heridas en miles de hogares, donde la ausencia de seres queridos aún se llora. Es harto sabido que la violencia genera violencia. La violencia es muerte, es sangre, son lágrimas, son hogares destrozados, es dolor eterno. Todo eso lo sabemos porque lo hemos sufrido en carne propia. Y está muy fresco en nuestra memoria como para olvidarse. Ocurrió en un momento cuando imperaba la democracia. Y las luchas en las democracias no saben de armas homicidas. Saben del diálogo, que podrá ser vehemente pero responsable y altruista. Y, por último, las urnas juzgarán de qué lado está la razón. Así de simple, así de civilizado, así de humano. A los partidos de izquierda en nuestro país, como sucede en otras partes del mundo, les está costando mucho lograr la aceptación popular. Y en esa renuencia es probable que algo tenga que ver quienes usan sus banderas para protagonizar hechos que a la sociedad le repugnan. Por lo menos, en lo que atañe a nuestra provincia, le hacen un flaco favor.

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Una agresividad e intolerancia que le hace mucho daño a la izquierda

Como ocurre en la Capital Federal, en la mayoría de las provincias y, por supuesto, Chubut no es una excepción, mucho daño le hacen a los partidos políticos de izquierda quienes, cobijados bajo sus banderas, aprovechan cualquier hecho desgraciado que ocurra, para salir a las calles y rutas armados con palos, piedras y bombas molotov, para destruir todo lo que encuentran a su paso; sean monumentos históricos, escuelas, iglesias, empresas periodísticas o comerciales, e invariablemente apelan al aerosol para expresar sus fracasos, y aflora un resentimiento social inocultable, pretendiendo responsabilizar a la sociedad de sus frustraciones.

Posiblemente ese incivilizado comportamiento de quienes, a poco de que la fortuna les sonría no vacilan en reemplazar a la hoz y el martillo por el crucifijo, y se olvidan de los pobres para integrarse a círculos sociales donde el materialismo impera. Quien no ha visto esto en la Argentina, es de otro planeta.
Los argentinos tenemos experiencia, una trágica experiencia de lo que ha ocurrido en el país cuando nefastos personajes, que la Justicia no ha juzgado como correspondía, se aprovecharon del lirismo innato de los jóvenes para embarcarlos despiadadamente en una lucha entre hermanos que ha dejado abiertas heridas en miles de hogares, donde la ausencia de seres queridos aún se llora. Es harto sabido que la violencia genera violencia. La violencia es muerte, es sangre, son lágrimas, son hogares destrozados, es dolor eterno. Todo eso lo sabemos porque lo hemos sufrido en carne propia. Y está muy fresco en nuestra memoria como para olvidarse. Ocurrió en un momento cuando imperaba la democracia. Y las luchas en las democracias no saben de armas homicidas. Saben del diálogo, que podrá ser vehemente pero responsable y altruista. Y, por último, las urnas juzgarán de qué lado está la razón. Así de simple, así de civilizado, así de humano. A los partidos de izquierda en nuestro país, como sucede en otras partes del mundo, les está costando mucho lograr la aceptación popular. Y en esa renuencia es probable que algo tenga que ver quienes usan sus banderas para protagonizar hechos que a la sociedad le repugnan. Por lo menos, en lo que atañe a nuestra provincia, le hacen un flaco favor.

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