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Otro «Nunca más» es posible
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Otro «Nunca más» es posible

Decíamos en una nota anterior, relacionada con las elecciones celebradas el domingo último, que el pueblo argentino estaba frente a la posibilidad de que las mismas marcarían un antes y un después en la historia nacional. Y lo decíamos teniendo en cuenta que en esos comicios estaría en juego la aprobación o desaprobación del proyecto impulsado por el Presidente de la República, Mauricio Macri, que es totalmente opuesto a los conocidos hasta entonces.

Rosendo Rodríguez Labat

Aunque en 1958 Frondizi inició uno similar, pero el golpe militar de 1962 lo frustró. En la nota de referencia, hacíamos hincapié fundamentalmente en los profundos cambios estructurales y económicos, pero el miércoles cuando veíamos salir de Comodoro Py, fuertemente custodiado y esposado a Julio De Vido, que fue una especie de súper ministro de Cristina y anteriormente de su fallecido esposo, fue fortalecido nuestro convencimiento de que los cambios prometidos iban en serio y abarcarían todos los aspectos que hasta entonces habían entorpecido el crecimiento del país y la violación de elementales normas democráticas que le allanaron el camino al matrimonio santacruceño para que instalara una corrupción que supera lo imaginable. Esa detención, que ha tenido repercusión internacional, y que se suma a la de otros ex funcionarios que ya están entre rejas, ha sido recibida con beneplácito por la mayoría del pueblo argentino, que ya se estaba acostumbrando a convivir con la corrupción y «el roba pero hacen», era el argumento al que apelaban los beneficiados y fanáticos para justificar el sorprendente enriquecimiento de muchos funcionarios que, seguramente, de acuerdo como viene la mano, no les será fácil conciliar el sueño por el nerviosismo que les producirá ver cerca a un patrullero.
Evidentemente, las dudas se han disipado. El cambio prometido, no era otro de los versos preelectorales a los que ya escuchábamos como quien escucha llover. Era la firme decisión de un estadista que con sólo dos años de gobierno, es mirado también en el mundo con atención y respeto. La lucha contra la corrupción ha dejado de ser una simple expresión de anhelos, sino una lucha hasta su eliminación definitiva. Otro «Nunca más» es un clamor popular formulado con similar énfasis al propuesto, aunque por motivos distintos, por Alfonsín en 1983.
No obstante el enorme sacrificio que en muchos sectores de la sociedad se está haciendo para que el país salga de su prolongado estancamiento, es indudable que la mayoría del pueblo quiere bajarle el telón a un pasado al que no se quiere volver. Mirar Santa Cruz, a la que destrozaron, y pensar en Venezuela, nos asustaba y nos hizo reflexionar. La Argentina tiene en su vasto territorio inconmesurables riquezas naturales que sólo pueden ser explotadas con políticas inteligentes. En ese camino se está. No es fácil, pero es posible.

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Otro «Nunca más» es posible

Decíamos en una nota anterior, relacionada con las elecciones celebradas el domingo último, que el pueblo argentino estaba frente a la posibilidad de que las mismas marcarían un antes y un después en la historia nacional. Y lo decíamos teniendo en cuenta que en esos comicios estaría en juego la aprobación o desaprobación del proyecto impulsado por el Presidente de la República, Mauricio Macri, que es totalmente opuesto a los conocidos hasta entonces.

Aunque en 1958 Frondizi inició uno similar, pero el golpe militar de 1962 lo frustró. En la nota de referencia, hacíamos hincapié fundamentalmente en los profundos cambios estructurales y económicos, pero el miércoles cuando veíamos salir de Comodoro Py, fuertemente custodiado y esposado a Julio De Vido, que fue una especie de súper ministro de Cristina y anteriormente de su fallecido esposo, fue fortalecido nuestro convencimiento de que los cambios prometidos iban en serio y abarcarían todos los aspectos que hasta entonces habían entorpecido el crecimiento del país y la violación de elementales normas democráticas que le allanaron el camino al matrimonio santacruceño para que instalara una corrupción que supera lo imaginable. Esa detención, que ha tenido repercusión internacional, y que se suma a la de otros ex funcionarios que ya están entre rejas, ha sido recibida con beneplácito por la mayoría del pueblo argentino, que ya se estaba acostumbrando a convivir con la corrupción y «el roba pero hacen», era el argumento al que apelaban los beneficiados y fanáticos para justificar el sorprendente enriquecimiento de muchos funcionarios que, seguramente, de acuerdo como viene la mano, no les será fácil conciliar el sueño por el nerviosismo que les producirá ver cerca a un patrullero.
Evidentemente, las dudas se han disipado. El cambio prometido, no era otro de los versos preelectorales a los que ya escuchábamos como quien escucha llover. Era la firme decisión de un estadista que con sólo dos años de gobierno, es mirado también en el mundo con atención y respeto. La lucha contra la corrupción ha dejado de ser una simple expresión de anhelos, sino una lucha hasta su eliminación definitiva. Otro «Nunca más» es un clamor popular formulado con similar énfasis al propuesto, aunque por motivos distintos, por Alfonsín en 1983.
No obstante el enorme sacrificio que en muchos sectores de la sociedad se está haciendo para que el país salga de su prolongado estancamiento, es indudable que la mayoría del pueblo quiere bajarle el telón a un pasado al que no se quiere volver. Mirar Santa Cruz, a la que destrozaron, y pensar en Venezuela, nos asustaba y nos hizo reflexionar. La Argentina tiene en su vasto territorio inconmesurables riquezas naturales que sólo pueden ser explotadas con políticas inteligentes. En ese camino se está. No es fácil, pero es posible.

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