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Seguir carreteando o levantar vuelo

Hoy nuevamente, los argentinos iremos al cuarto oscuro para que sin otro testigo que nuestra conciencia y con la mirada puesta en el futuro de la Patria, elijamos a quienes queremos que nos representen en el Congreso Nacional.

Rosendo Rodríguez Labat

Pero, por encima de la importancia intrinseca que tiene ese acto, creemos no equivocarnos si decimos que esta elecciones pueden marcar un antes y un después en la historia política nacional, habida cuenta que estará en juego el futuro del país, desde el momento que se enfrentarán dos proyectos de gobierno de definiciones claras y contundentes. Por un lado, estará el que representa el actual Presidente de la República, Mauricio Macri, y por el otro, el peronismo que aún con sus divisiones internas, no ha perdido vigencia su protagonismo. 

El primero buscará la ratificación del apoyo popular que en diciembre del 2015 tuvo del pueblo, que lo instaló en la Casa Rosada. Y quienes, con una fidelidad admirable, siguen agitando las banderas que a Perón y a Evita, le dieron perennidad especialmente en la memoria de los trabajadores y las clases humildes.

Contrariamente a lo que ocurría en elecciones anteriores al 2015, donde las diferencias de los contrincantes generalmente eran de matices o por cuestiones metodológicas con relación al ejercicio de la Democracia, hoy la cosa es distinta, diametralmente opuesta. Mientras «Cambiemos», el partido que lidera Macri, tiene un proyecto de gobierno con claras similitudes al que proponía en 1958 Arturo Frondizi, de «integración y desarrollo» que se basaba en la explotación racional de los inmensos recursos naturales que el país tiene, y a cuyo efecto propiciaba el aporte de capitales foráneos, el peronismo parece convencido que en el país debe seguir imperando una política de neto corte «nacional y popular» como la inaugurada por Perón en 1946.

Lo que realmente es cierto, como también es realmente cierto que en su segundo gobierno no pensaba lo mismo. Y ese cambio, lo expuso más claramente en el tercer mandato, donde proponía la integración al mundo y la presencia de capitales extranjeros, ya no creía que atentarían con la soberanía de la República. 

Frente a esas dos claras opciones estaremos hoy a partir de las 8. Seguir carreteando o levantar vuelo. Seguir transitando por territorios preñados de riquezas, mientras miles de hogares sufren carencias extremas, o ponerlas en la superficie al servicio de la comunidad. Hoy el pueblo tiene en sus manos la decisión.

 

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Hoy nuevamente, los argentinos iremos al cuarto oscuro para que sin otro testigo que nuestra conciencia y con la mirada puesta en el futuro de la Patria, elijamos a quienes queremos que nos representen en el Congreso Nacional.

Pero, por encima de la importancia intrinseca que tiene ese acto, creemos no equivocarnos si decimos que esta elecciones pueden marcar un antes y un después en la historia política nacional, habida cuenta que estará en juego el futuro del país, desde el momento que se enfrentarán dos proyectos de gobierno de definiciones claras y contundentes. Por un lado, estará el que representa el actual Presidente de la República, Mauricio Macri, y por el otro, el peronismo que aún con sus divisiones internas, no ha perdido vigencia su protagonismo. 

El primero buscará la ratificación del apoyo popular que en diciembre del 2015 tuvo del pueblo, que lo instaló en la Casa Rosada. Y quienes, con una fidelidad admirable, siguen agitando las banderas que a Perón y a Evita, le dieron perennidad especialmente en la memoria de los trabajadores y las clases humildes.

Contrariamente a lo que ocurría en elecciones anteriores al 2015, donde las diferencias de los contrincantes generalmente eran de matices o por cuestiones metodológicas con relación al ejercicio de la Democracia, hoy la cosa es distinta, diametralmente opuesta. Mientras «Cambiemos», el partido que lidera Macri, tiene un proyecto de gobierno con claras similitudes al que proponía en 1958 Arturo Frondizi, de «integración y desarrollo» que se basaba en la explotación racional de los inmensos recursos naturales que el país tiene, y a cuyo efecto propiciaba el aporte de capitales foráneos, el peronismo parece convencido que en el país debe seguir imperando una política de neto corte «nacional y popular» como la inaugurada por Perón en 1946.

Lo que realmente es cierto, como también es realmente cierto que en su segundo gobierno no pensaba lo mismo. Y ese cambio, lo expuso más claramente en el tercer mandato, donde proponía la integración al mundo y la presencia de capitales extranjeros, ya no creía que atentarían con la soberanía de la República. 

Frente a esas dos claras opciones estaremos hoy a partir de las 8. Seguir carreteando o levantar vuelo. Seguir transitando por territorios preñados de riquezas, mientras miles de hogares sufren carencias extremas, o ponerlas en la superficie al servicio de la comunidad. Hoy el pueblo tiene en sus manos la decisión.

 

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