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Primer encuentro con Antonio Torrejón
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Primer encuentro con Antonio Torrejón

Por REDACCIÓN CHUBUT

Trascurría el año 1971, y creo que fue por la primavera del mismo como habitualmente lo hacía, concurrí a la Hostería del Automóvil Club Argentino (ACA) en Aluminé, Neuquén, a tomar un café. En esa oportunidad, me encontré con un señor que recuerdo se presentó como «Director de Turismo de la Provincia del Chubut», expresándome que concurría allí, por cuanto se realizaría una reunión en esa Hostería de representantes gubernamentales y otros interesados en promocionar la potencialidad de la zona del Comahue y por esa razón se encontraba a fin de que se incorporara la provincia donde residía y bregaba por esa actividad. 

Tal como titulé este relato, fue el primer contacto con Antonio Torrejón donde me interioricé de las bellezas de la provincia de Chubut y la potencialidad turística que preveía conveniente promocionar. Tal como he mencionado anteriormente a mediados de 1972 donde estoy radicado desde entonces he tenido la suerte de continuar frecuentando a Antonio y desde entonces he seguido su actividad y me enorgullezco de sus logros y también de contar con su amistad.

Recientemente le comenté esta utopía que he llamado «Recuerdos de Aluminé, donde estuvo el Paraíso» y concluí antes del festejo centenario de esa localidad y se ofreció a comentarme algunos logros sobre este aspecto, que incorporé a ese libro como una adenda, posterior; que considero enriquecerá estos recuerdos.

De la conversación que mantuve hace tiempo, me indicó que por aquella época, mantuvo una fructífera relación con el por entonces gobernador Don Felipe Sapag, con quien articularon políticas, esfuerzos y criterios para potenciar y fomentar el entonces incipiente desarrollo turístico de la región integrándola.

Desde aquel lejano casi medio siglo al hoy presente nuevo milenio, el salto cuali-cuantitativo es asombroso con dos paradigmas turísticos que son: Villa Pehuenia y Aluminé en el oeste cordillerano neuquino que considero la puerta de la zona lacustre patagónica y en este Atlántico con la Península Valdés Chubutense hoy santuario de las ballenas. Esto se logró gracias a visionarios como Felipe Sapag y Antonio Torrejón quienes con criterios y mentalidad de «estadistas» nos permiten hoy «viajar»; gozar, revalorizar y sentir orgullo por nuestro país, y en especial por la «Patagonia Argentina». 

Heraldo Ruddy González.
 

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Primer encuentro con Antonio Torrejón

Trascurría el año 1971, y creo que fue por la primavera del mismo como habitualmente lo hacía, concurrí a la Hostería del Automóvil Club Argentino (ACA) en Aluminé, Neuquén, a tomar un café. En esa oportunidad, me encontré con un señor que recuerdo se presentó como «Director de Turismo de la Provincia del Chubut», expresándome que concurría allí, por cuanto se realizaría una reunión en esa Hostería de representantes gubernamentales y otros interesados en promocionar la potencialidad de la zona del Comahue y por esa razón se encontraba a fin de que se incorporara la provincia donde residía y bregaba por esa actividad. 

Tal como titulé este relato, fue el primer contacto con Antonio Torrejón donde me interioricé de las bellezas de la provincia de Chubut y la potencialidad turística que preveía conveniente promocionar. Tal como he mencionado anteriormente a mediados de 1972 donde estoy radicado desde entonces he tenido la suerte de continuar frecuentando a Antonio y desde entonces he seguido su actividad y me enorgullezco de sus logros y también de contar con su amistad.

Recientemente le comenté esta utopía que he llamado «Recuerdos de Aluminé, donde estuvo el Paraíso» y concluí antes del festejo centenario de esa localidad y se ofreció a comentarme algunos logros sobre este aspecto, que incorporé a ese libro como una adenda, posterior; que considero enriquecerá estos recuerdos.

De la conversación que mantuve hace tiempo, me indicó que por aquella época, mantuvo una fructífera relación con el por entonces gobernador Don Felipe Sapag, con quien articularon políticas, esfuerzos y criterios para potenciar y fomentar el entonces incipiente desarrollo turístico de la región integrándola.

Desde aquel lejano casi medio siglo al hoy presente nuevo milenio, el salto cuali-cuantitativo es asombroso con dos paradigmas turísticos que son: Villa Pehuenia y Aluminé en el oeste cordillerano neuquino que considero la puerta de la zona lacustre patagónica y en este Atlántico con la Península Valdés Chubutense hoy santuario de las ballenas. Esto se logró gracias a visionarios como Felipe Sapag y Antonio Torrejón quienes con criterios y mentalidad de «estadistas» nos permiten hoy «viajar»; gozar, revalorizar y sentir orgullo por nuestro país, y en especial por la «Patagonia Argentina». 

Heraldo Ruddy González.
 

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