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«La Cigarra y la hormiga», ¿Serían políticos?
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«La Cigarra y la hormiga», ¿Serían políticos?

Como lector habitual del Diario EL CHUBUT y disfrutando una vez más del artículo de su respetado columnista Sr. Rodríguez Labat (pag.16-Regionales-9/10/17) me surgió esta infantil incógnita. Cuando habla de gato por liebre, de tortuga y del lobo de Caperucita, frente a mi grande y supina ignorancia en política, me surgió esta inquietud.

Por REDACCIÓN CHUBUT

Y ello fue así porque se me ocurrió otra zoológica similitud, en el buen sentido de la palabra, que me incita a creer que los Sres. políticos tal vez debieran buscar en algunos casos inspiración en la fauna antes de adoptar algunas determinaciones que sienten jurisprudencia. El pretender utilizar deuda para pagar gastos corrientes (y de esto sí entiendo lo más elemental) hubiera sido encarnar la conducta de la cigarra de la famosa fábula: cantó, gastó y siguió gastando y gozando su hermoso presente, mientras la hormiga vivió de su trabajo, pero se alimentó, seguramente también paseó, y ahorró parte de su esfuerzo; pero nunca utilizó los que habrán sido sus bienes para disfrutar o para mejorar la economía de su familia, por necesitada que haya podido estar en algún largo invierno.
Eso sí, tal vez comió la indispensable, trabajó más tiempo que el habitual, y habrá suprimido sus vacaciones, supongo. Y allí fue donde se me ocurrió que ambos bichitos de la fábula fueron políticos: Los del partido de la cigarra siguieron gozando de sus prebendas, mientras su próxima camada habrá muerto de hambre; en cambio las hormiguitas que nacieron después tuvieron, por placer y por espacio, que agrandar el hormiguero de sus padres. Pagar gastos corrientes endeudando el futuro (o pagar deudas de ese origen, lo que es lo mismo) es condenar a nuestros hijos y nietos a continuar por siempre en la extrema pobreza.Creo que es hora de que pensemos en destinar una pequeña parte de nuestro nuevo endeudamiento para iniciar un fondo anticíclico, incluyendo en la misma Ley la obligación inderogable de destinar otra pequeña partecita de cuánto recurso genuino recaudemos en el futuro para ir aumentando ese fondo intocable, salvo situaciones de desastre natural absolutamente taxativas. Esta fue la política de la hormiga de la fábula.
Me olvidaba: La sugerida Ley u otra que resulte complementaria por ordenamiento normativo, debe contener el castigo que el Código Penal determina para un delito grave (NO para malversación) aplicable al o los funcionarios que resulten responsables de la eliminación, modificación o utilización indebida del fondo anticíclico mencionado.
Soy conciente del tremendamente difícil camino legislativo a recorrer para dictar tal norma; pero estimo que las disposiciones que resultaron necesarias para hacer funcionar los regímenes que rigen los Seguros, por ejemplo, no deben haber sido menores, y sin embargo hace muchos años que nos protegen. Y mi largo trecho recorrido me está sugiriendo que alguno de nuestros Mayores, cien o más años atrás, debió haber comenzado a recorrer ese difícil camino, hace años que transitamos por la cornisa...


Enrique R. Trifaró
DNI. 5.457.848

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«La Cigarra y la hormiga», ¿Serían políticos?

Como lector habitual del Diario EL CHUBUT y disfrutando una vez más del artículo de su respetado columnista Sr. Rodríguez Labat (pag.16-Regionales-9/10/17) me surgió esta infantil incógnita. Cuando habla de gato por liebre, de tortuga y del lobo de Caperucita, frente a mi grande y supina ignorancia en política, me surgió esta inquietud.

Y ello fue así porque se me ocurrió otra zoológica similitud, en el buen sentido de la palabra, que me incita a creer que los Sres. políticos tal vez debieran buscar en algunos casos inspiración en la fauna antes de adoptar algunas determinaciones que sienten jurisprudencia. El pretender utilizar deuda para pagar gastos corrientes (y de esto sí entiendo lo más elemental) hubiera sido encarnar la conducta de la cigarra de la famosa fábula: cantó, gastó y siguió gastando y gozando su hermoso presente, mientras la hormiga vivió de su trabajo, pero se alimentó, seguramente también paseó, y ahorró parte de su esfuerzo; pero nunca utilizó los que habrán sido sus bienes para disfrutar o para mejorar la economía de su familia, por necesitada que haya podido estar en algún largo invierno.
Eso sí, tal vez comió la indispensable, trabajó más tiempo que el habitual, y habrá suprimido sus vacaciones, supongo. Y allí fue donde se me ocurrió que ambos bichitos de la fábula fueron políticos: Los del partido de la cigarra siguieron gozando de sus prebendas, mientras su próxima camada habrá muerto de hambre; en cambio las hormiguitas que nacieron después tuvieron, por placer y por espacio, que agrandar el hormiguero de sus padres. Pagar gastos corrientes endeudando el futuro (o pagar deudas de ese origen, lo que es lo mismo) es condenar a nuestros hijos y nietos a continuar por siempre en la extrema pobreza.Creo que es hora de que pensemos en destinar una pequeña parte de nuestro nuevo endeudamiento para iniciar un fondo anticíclico, incluyendo en la misma Ley la obligación inderogable de destinar otra pequeña partecita de cuánto recurso genuino recaudemos en el futuro para ir aumentando ese fondo intocable, salvo situaciones de desastre natural absolutamente taxativas. Esta fue la política de la hormiga de la fábula.
Me olvidaba: La sugerida Ley u otra que resulte complementaria por ordenamiento normativo, debe contener el castigo que el Código Penal determina para un delito grave (NO para malversación) aplicable al o los funcionarios que resulten responsables de la eliminación, modificación o utilización indebida del fondo anticíclico mencionado.
Soy conciente del tremendamente difícil camino legislativo a recorrer para dictar tal norma; pero estimo que las disposiciones que resultaron necesarias para hacer funcionar los regímenes que rigen los Seguros, por ejemplo, no deben haber sido menores, y sin embargo hace muchos años que nos protegen. Y mi largo trecho recorrido me está sugiriendo que alguno de nuestros Mayores, cien o más años atrás, debió haber comenzado a recorrer ese difícil camino, hace años que transitamos por la cornisa...


Enrique R. Trifaró
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